Sensibilización
Acciones y campañas de sensibilización llevadas a cabo por la comisión de igualdad de la asociación T4.
Kaleidoscopia
Lila Gune
Grupo Mujeras
8M
28J
25N
Kaleidoscopia
Lila Gune
Grupo Mujeras
La Gran Casa de T4
Con motivo de la huelga feminista del 30 de Noviembre que pedía poner los cuidados en el centro en ATAUBIZU planteamos una reflexión con todas las personas que aquí convivimos desde las preguntas “¿como cuidas a quien te cuida?” y “¿cómo me gusta que me cuiden?”. Este cuento se escribió para leerlo públicamente ese día para dar inicio a ésta reflexión.
Había una vez una gran casa llena de ventanas. Cada una de ellas, ofrecía una maravillosa vista a su inquilina. Toda aquella persona que por circunstancias de la vida, de forma temporal o indefinida, hubiera perdido de vista su horizonte, era susceptible de ser alojada en la gran casa.
El funcionamiento de La Gran Casa era paradójicamente simple y complejo a la vez, un entramado impecable y eficiente en extremo basado en una sola ley: LA LEY DEL LATIDO ÚNICO.
El inyector de energía era un aparato con un papel fundamental, regulaba el flujo de los cuidados y su buen funcionamiento era indispensable para la sostenibilidad de aquel lugar.
Había dos grupos humanos. Uno de ellos vestía de forma homogénea, de color rojo latido, y pulsaba con el dedo en el inyector de cuidados cada vez que se acercaba a La Gran Casa para prodigar cuidados. El otro grupo humano era más heterogéneo en su apariencia. Sólo había una diferencia entre las personas de uno y otro lado: el momento vital. Las residentes de La Gran Casa atravesaban todas un momento en el que necesitaban de aquellas vistas para recuperar su horizonte. En todo lo demás eran idénticas.
El inyector de energía procuraba a las cuidadoras el excedente de energía necesario para dedicar jornadas enteras a una prolija entrega de cuidados a quienes allí vivían y poder regresar a sus hogares sin una situación de déficit que pusiera en peligro su capacidad de cuidar de si mismas o de quienes en otros lugares les rodeaban.
Gracias a la ley fundamental , todas las personas residentes en la gran casa sabían que debían mantener el inyector de energía en un nivel optimo de cantidad disponible, cuestión que regulaban con la entrega incesante de balones de energía. Estos balones eran de lo más variopintos, tanto como personas diferentes se servían de la energía del inyector, a saber:
Saludos amables
Mirada a los ojos al hablar
Respeto al momento en que llega la otra persona antes de pedirle
Obsequios en forma de cafés, chuches… pequeñas delicias
Palabras amables
Reconocimiento del valor de sus acciones
Estos balones de energía eran depositados a diario para mantener el inyector de energía en niveles óptimos de combustible. Si eso no sucedía, enseguida se debilitaba el sistema, habían transitado momentos de éste tipo allí. Lo primero que se notaba era un endurecimiento de los semblantes de uno y otro lado, enfermedades y un tono imperante de lamento y queja que teñía de gris el rojo latido y toda la variedad cromática que de suyo vestía la gran casa. Estos momentos difíciles, les habían ayudado a entender el valor de la ley fundamental: la ley del latido único, que no era más que una ley que dice que las personas somos iguales en tanto que humanas y como tal interdependientes, que nos necesitamos, que todas vamos a necesitar ser cuidadas en diferentes momentos de nuestras vidas, y que para que el sistema funciones, el cuidado debe estar en el centro, que es en torno a él que debemos girar, entendiendo que somos una parte ínfima e indispensable de un latido único y universal.
Davida, Noviembre 2023